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SBSToday: absuelta la pianista que se enfrentaba a 7 años de prisión

Uno de los casos que más revuelo ha causado este año en los conservatorios, se ha resuelto finalmente con la absolución por falta de pruebas. La pianista estaba acusada de contaminación acústica y daños psíquicos que la demandante declaró sufrir por escuchar el piano varias horas diarias durante varios años, todo ello tras haber ignorado varias veces las exigencias del consistorio de insonorizar la habitación.

En SuicideByStar hemos estado muy atentos al desarrollo del juicio, y para ello enviamos nuestro becario a cubrir el proceso. A pesar de no cobrar un duro, se mostraba motivado por el reto. «Pensaba que era lo más extraño que me mandarían hacer nunca, pero luego supe que tenía que escribir la crónica referiéndome a mí mismo en tercera persona», declaró.

Al principio no cabía duda de la culpabilidad de la acusada entre los expertos. Muchos incluso estaban sorprendidos por la benevolencia de la acusación. Primero, la abogada defensora intentó demostrar que la acusada no sabía lo que era un piano. Para ello en un momento mostró un dibujo de un piano a su cliente, preguntándole si reconocía aquel objeto. «Un violín», respondío la acusada. El juez reaccionó visiblemente sorprendido, pero la prueba fue posteriormente desestimada: la acusación particular presentó como prueba una grabación de cámara oculta donde la pianista opinaba sobre el nuevo disco de Ludovico Einaudi. Entre otras cosas, la grabación recogía comentarios tipo «no está mal el disco, pero en el fondo Ludovico al piano es un simplón, siempre a la lágrima fácil».

Mientras avanzaba el juicio, el panorama era más oscuro para la defensa. Sobre todo gracias a una hábil maniobra del fiscal: se levantó enérgicamente, y lanzó una contundente pregunta al aire: «¿se imaginan ustedes escuchar 40 horas semanales de pianitos Trent?». El juez en un principio quedó bastante picuet, pero el fiscal enseguida sacó unos altavoces, le dió al play en su ordenador y retó al juez a escuchar una hora seguida de Ghosts I-1 que había empezado a sonar. A los veinte minutos el juez se levantó harto del todo, gritando «¡basta ya!» y parecía a punto de golpear el martillo precediendo el fallo inculpatorio. Pero entonces…

Cuando todo parecía perdido, la condena parecía inevitable… la pianista, aparentemente débil, llena de miedo, se levantó. Apenas podía andar, pero llegó hasta el viejo piano, la herramienta del delito (nadie entendía por qué pero allí estaba, como prueba). Se hizo el silencio. «Toca algo», le mandó el juez. Y entonces, empezó a sonar la música de Choppin, más bella que nunca. La balada Nº1, op.23 en sol menor. Impresionante, imponente, la pianista ejecutó la pieza con un virtuosismo que ninguno de los asistentes había observado jamás. Helada se quedó la abogada defensora, llorando de emoción estaba el fiscal. Mientras pasaban los minutos más cautivados estaban los asistentes. Tras el épico final, el juez golpeó su martillo y exclamo un «¡la declaro inocente!» que puso a todos aplaudiendo incansablemente.

Mientras tanto, fuera del juzgado, manifestantes reunidos de la plataforma Dronecracia Real Ya! eran reducidos por la policía mientras gritaban consignas como «pianistas, ¡terrosistas!».